¿Qué va a pensar el psicólogo de mí?

Otro de los motivos por los que a algunas personas les cuesta decidirse a ir al psicólogo es porque piensa que le vamos a decir que se comporta mal, que es desconsiderado con su familia y/o amigos, que es un tal o un cual… en definitiva, tienen miedo de ser juzgados y condenados. Bueno, para quien no haya ido a la consulta de un psicólogo, sepan que no hay estrado, ni togas negras, ni silla para el acusado, tan sólo una mesa, unas sillas y si acaso un sillón para hacer relajaciones. Ni siquiera está el famoso diván, al menos en mi caso. Y los psicólogos no nos ponemos la peluca de bucles blancos que aparece en las películas.

Bromas aparte, el psicólogo nunca juzga. Escuchamos, preguntamos y en función de lo que nos va diciendo el paciente elaboramos hipótesis sobre lo que les ocurre y las vamos planteando para ser contrastadas. Nuestra premisa es que la persona que viene a consulta lo hace porque está sufriendo. Lo primero de todo, por tanto, es aliviar ese sufrimiento. Es posible que esa persona con su comportamiento esté haciendo daño a otras personas, pero no por ello vamos a pensar que es un desaprensivo, egoísta, etc. El eje central es ese sufrimiento, no es que no nos importe lo que le está haciendo a los demás, sino que sabemos que apaciguando el sufrimiento de quien viene a la consulta asimismo vamos a aliviar el que esté causando a las personas de su entorno.

Imaginemos que entra alguien que es infiel a su pareja. No le voy a despachar diciendo “adúltero, fuera de mi consulta, aquí sólo trato a la gente decente”. Como tampoco le voy a decir “qué bien, majete, eres un campeón, cómo te lo montas ¿para qué vienes al psicólogo? ¿Para que conformarse con una si puedes tener dos?”. Si ha venido a la consulta lo más probable es que se sienta culpable o no sepa qué hacer, si irse con el/la amante, seguir con su pareja o quedarse solo para poder aclararse. En todos los casos le podemos ayudar a decidir o a averiguar las causas por las que ha sido infiel, y que luego decida qué hacer. Y esto no sólo le va a beneficiar a la persona que acude a consulta, sino a la pareja y el/la amante, porque, aún y cuando lo pase peor quien es abandonado, éste podrá rehacer su vida y no seguir instalado en la mentira.

Nadie está libre de cometer errores. Nadie está obligado a ser perfecto. Hasta los psicólogos metemos la pata por mucha psicología que hayamos estudiado. No se trata de fustigar a nadie por equivocarse, sino de ayudarle a comprender su error y subsanarlo. Dicen que se aprende más de los errores que de los aciertos, así pues ¿de qué sirve juzgar y ponerle etiquetas a una persona? Absolutamente de nada. Que hagas una tontería no te convierte en un tonto, pero si la reconoces podrás no repetirla en el futuro. Y si eres de los que tropieza dos veces en la misma piedra… habrá que procurar que no tropieces una tercera.

¡Y a seguir aprendiendo!

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