Piedras en la mochila: el miedo

Vamos con otro pedrusco que está en la base de casi todas los cantos señalados hasta ahora, (menos en las etiquetas). Miedo a sufrir, al fracaso, a defraudar:

A volver a sufrir por amor.
A defraudar a tu familiar por no seguir sus consejos.
A reconocer un error y que te vean como débil o fracasado (no querer renunciar a tu orgullo).
A dejar de ser” fiel a ti mismo” si cambias de forma de ser.

Hay un problema adicional al miedo: la racionalización. Y ahora me preguntaréis ¿qué es racionalizar? Según la RAE, la definición es “reducir a normas o conceptos racionales”. No es lo mismo que razonar, que (volvemos a la RAE) significa “ordenar y relacionar ideas para llegar a una conclusión”. La diferencia radica en que al reducir estás escogiendo de tu entorno aquello que te interesa para llegar a una conclusión que justifique tu comportamiento, mientras que ordenando y relacionando estás ajustándote mucho más a la realidad.

¿Y cómo y por qué se racionaliza el miedo? Con un ejemplo se ve claro, y volvemos al tema sentimental. Has tenido una pareja que te ha dejado un poco tocado emocionalmente hablando. Pasa el tiempo, se supone que tu herida se ha curado, pero aparece otra persona y le empiezas a encontrar pegas. Nariz demasiado ancha. Dientes mal colocados. Mal gusto eligiendo zapatos. Trabaja de comercial… huy seguro que me quiere engañar, que éstos son muy listos. Y si es psicólogo ya ni te cuento, me adivina el pensamiento y hace de mi lo que quiera… 😉

¿Qué estamos haciendo? Ni más ni menos que buscar una excusa para no volvernos a enamorar, porque nos da miedo sufrir de nuevo. Eso es racionalizar: me fijo sólo en lo que no me gusta de esa persona para así tener un motivo por el cual no arriesgarme a vivir una nueva relación.

Otro ejemplo es cuando aparece una buena oferta de trabajo y te lo piensas. Es que claro, me lo ha dicho mi amigo, voy recomendado por él, igual si fallo le cae una bronca si no rindo bien, me van a llamar enchufado, y además aquí llevo ya muchos años, mira que si luego no encajo y voy al paro… Aquí la racionalización puede ocurrir a la inversa: de repente tu jefe no te parece tan ogro, tu trabajo es menos tedioso y aunque ganes poco, total, llegas a fin de mes, y anda que no hay gente en el paro…

El miedo no es malo, es adaptativo. Si la jirafa no tuviera miedo, no saldría corriendo ante la presencia del león y moriría devorada por el mismo. Pero no por eso deja de ir al prado a procurarse su alimento. Sabe que tiene su instinto y unas patas muy largas para huir si percibe una amenaza. La forma de quitarte esa piedra llamada miedo es confiar en ti mismo, y en tu capacidad para hacer frente o buscar una salida si la cosa se pone mal. Es decir, en creerte que eres capaz de luchar y salir adelante.

Miedo1

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2 pensamientos en “Piedras en la mochila: el miedo

  1. Eva, como siempre genial!!
    Me gusta mucho el ultimo parrafo, a veces el miedo nos paraliza y nos juega una mala pasada cuando en realidad deberia ser un buen compañero de viaje.

    • ¡Gracias, Javi! Para evitar que te paralice, hay que saber interpretarlo. Si en lugar de pensar “pobre de mi” piensas “tengo que salir de ésta como sea” el miedo te hace ser más fuerte. E incluso puede ser divertido, y si no que se lo digan a los que practican deportes de riesgo…

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