Piedras en la mochila: el rol femenino

Vamos con las damas. Volviendo a Grease, el personaje de Sandy encajaría perfectamente con el papel del macho en las diferentes especies (comentado en el artículo anterior): la hembra se está haciendo la “dura” para que quien la monte tenga que esforzarse al máximo y demostrar que es el más fuerte, así se asegura la mejor herencia genética para su prole. La famosa selección natural de Darwin: la supervivencia de los más aptos.

Pero hay una diferencia abismal entre el ser humano y el resto de las especies, y es que la cópula no se hace sólo con función reproductora. Por eso me parece mucho más interesante en Grease el papel de otra mujer: Rizzo. Éstas son estrofas de la canción que interpreta en la película:

Hay cosas peores que podría hacer
que irme con un chico… o dos
a pesar de que la gente piense que soy una cualquiera y no soy buena.

Podría quedarme en casa todas las noches
esperando el chico perfecto
darme duchas frías todos los días
y desperdiciar mi vida por un sueño que puede no convertirse en realidad.

Esta es la gran piedra en la mochila que hemos soportado las mujeres años atrás y que aún hoy, por desgracia, sigue existiendo: reprimir nuestra sexualidad por miedo a parecer una “mala mujer”, y que los demás piensen que porque te guste el sexo no tienes sentimientos, como también canta Rizzo:

No robo, no miento,
pero siento y lloro,
cosas que seguro que tú desconoces.

Pero no es el único lastre que llevamos. Hemos invertido los papeles: en lugar de ser ellos los “más bellos” tenemos que serlo nosotras. Aquí la tendencia es totalmente anti-natura: las mujeres somos más gorditas que los hombres, precisamente porque la reproducción está en juego, necesitamos un mínimo de un 10% de grasa corporal para tener el periodo. En cambio, el estereotipo ideal es el de una mujer muy delgada, que, salvo casos de metabolismos privilegiados, tiene que PASAR HAMBRE para poder mantener ese cuerpo “ideal”. ¿Y por qué nos castigamos así?

Mientras la mujer no tuvo poder se tuvo que plegar al hombre, soportando maltrato e infidelidades. Pero una vez nos independizamos económicamente, parece que nos contagiamos de la competitividad de los machos: tenemos que ser competentes, inteligentes, trabajadoras, guapas, altas, delgadas y, por supuesto, no dejar de ser buenas madres y esposas. O sea, que llevamos una mochila en la que cabe el Everest entero. Y somos ahora nosotras las que rivalizamos por conseguir al macho que nos gusta.

Podría herir a alguien como yo
por despecho o por celos

Es el comienzo de la última estrofa de la canción. En el afán por conseguir a un hombre tiramos piedras contra nuestro propio tejado, empeñándonos en ver defectos en las mujeres que actúan de forma diferente a como lo hacemos nosotras. Así, las “santas” critican a las “ligeritas” y viceversa, pero sólo cuando hay un hombre de por medio. Y si no lo hay, tan amigas.

Chicas, no os equivoquéis. No os dejéis manipular. Al igual que una mujer que se “hace la dura” para conseguir a un hombre, sinceramente, no merece la pena, tampoco la merece un hombre que actúa de la misma forma. Si a otra le interesa, que se lo quede. La amistad y la solidaridad entre mujeres y hombres no sexistas es mucho más importante, porque si hemos conseguido evolucionar, para poder estudiar, formarnos, trabajar, ser independientes, tener incluso puestos de responsabilidad, ha sido precisamente por estar unidas y por esos hombres que no cumplen con el rol típico masculino, a los que invité en el pasado artículo a conocernos de verdad. Este tipo de hombre es el que debe perdurar para una sociedad más igualitaria, así que, puesto que somos las más implicadas en la reproducción, ya sabéis ¡selección natural! Quédate con el que realmente te respeta, te valora, te trata como a un igual y… ¡no espera que seas perfecta!

Rolfemenino

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5 pensamientos en “Piedras en la mochila: el rol femenino

  1. Me gusta este análisis del comportamiento humano.ceo es muy bueno difundirlo.
    Algo tiene que ver la iglesia en la falta de libertad en el pensamiento.creo.

  2. Las mujeres heteronormativas suelen ser machistas por tradición y/o educación.
    Suelen sacar las uñas cuando se intenta bajarlas de la burra príncipe azul = amor romántico.
    Y aunque padezcan malos tratos por parte de sus parejas e incluso hijos no son capaces de reconocer que gran parte de sus problemas vienen determinados por su poca capacidad de autoestimarse y su nula capacidad de una vida independiente.
    Inmanencia que decía Simone de Beauvoir.
    Una no es mujer hasta que no tiene un hombre a su lado… y creo que hay muchas que piensan así. Cosa que me produce un gran desasosiego porque esta actitud no favorece la igualdad y sigue alimentando a un más que obeso patriarcado.

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