LOS 7 PECADOS CAPITALES: LA LUJURIA (II)

Disculpadme por el retraso en la segunda parte de este artículo, es que he estado practicando para inspirarme 😉 (es broma). Voy a empezar por lo que dicen La Biblia y el Corán respecto de la mujer, como objeto de lujuria:

Biblia: No codicies su hermosura en tu corazón, no te cautive con sus párpados, porque un mendrugo de pan basta a la prostituta, pero la casada va a la caza de una vida preciosa. Proverbios 6:25-26.

Corán: 24:(31) Y di a las creyentes que bajen la mirada y que guarden su castidad, y no muestren de sus atractivos [en público] sino lo que de ellos sea aparente [con decencia]; así pues, que se cubran el escote con el velo (…) y que no hagan oscilar sus piernas [al caminar] a fin de atraer la atención sobre sus atractivos ocultos.

Ambas religiones parecen empeñadas en señalar a la mujer como un ser irresistible que les puede llevar a la perdición, de ahí que las monjas tengan que llevar tocado y ropas austeras, mientras que los curas no están obligados a tapar su cabeza ni llevar siempre la sotana puesta. Esto es más claro aún en el islam, cuando las instan a cubrir su cabello con el pañuelo (en el mejor de los casos) para evitar las tentaciones de las feromonas que se desatan al soltarse la melena. ¿Y por qué ese miedo a la mujer?

Desde el punto de vista fisiológico, la principal diferencia entre la sexualidad masculina y femenina es que en el hombre el estímulo que provoca el deseo sexual hace que las respuestas fisiológicas se disparen de una forma casi “automática”, mientras que en la mujer median otros factores, como el hormonal, experiencias anteriores de dolor al realizar el coito e incluso haber tenido hijos. Pero, por otro lado, el periodo refractario en la mujer tras el orgasmo es mucho más corto que el del hombre, hasta el punto de poder tener varios orgasmos seguidos.

Es decir, el hombre tiene más probabilidades de perder el control ante una mujer que le resulte atractiva que al contrario. Pero por otro lado el disfrute de la mujer puede ser mayor al no necesitar “recuperarse” como el hombre. ¿Cómo se suple esta supuesta “inferioridad” de los hombres? Convirtiendo el sexo en un símbolo de poder. Y así surgen los roles masculino y femenino que expuse en artículos anteriores.

Varones que me estáis leyendo, sed sinceros: ¿cuántas de vosotros habéis presumido de vuestras conquistas? ¿Cuántos os habéis considerado “más machos” por haber estado con más hembras? Mi enhorabuena a los que contestáis “yo no”, porque sois mucho más libres que aquellos que necesitan utilizar a las mujeres para aumentar su autoestima.

Féminas que asimismo me estáis leyendo, sed también sinceras: ¿cuántas de vosotras os creéis más “mujeres” por tener a vuestro lado a un hombre? ¿Cuántas pensáis que la que no tiene pareja es una infeliz? Pues asimismo felicidades a las que habéis contestado “yo no” sois las que os queréis a vosotras mismas por cómo sois y no por tener a vuestro lado a un maromo que os cuide y os proteja.

Al final la lujuria se convierte en una herramienta para el poder, ellos por creerse que cuántas más caigan en sus redes, más poder tienen sobre ellas, y ellas por pensar que con sus encantos han conseguido al jefe de la manada, al más válido para su prole. Ah, pero eso ¿no era en los animales? Bueno, entre los racionales siempre hay unos cuantos que siguen siendo un tanto… primitivos/as.

Por otro lado, no tenéis más que ver los anuncios (sobre todo de colonias) en televisión para comprobar cómo se comercia con la lujuria. Nos están constantemente vendiendo que tener mucho sexo o ser muy atractivos sexualmente equivale a ser feliz, y lo que hacen es mitificar el impulso sexual como si fuera la solución a nuestros problemas cuando en realidad es sólo una reacción fisiológica. Decididamente, creo que el sexo está sobrevalorado, porque le dan demasiada publicidad.

El otro día estuve escuchando el solo de guitarra de Sultans of Swing en la grabación de un concierto en directo. Gustos aparte, lo que está claro es que los Dire Straits, con Mark Knopfler y su cinta de pelo a la cabeza, no nos vendían sexo con estos acordes de guitarra, sino música. ¿Podemos decir lo mismo de otros cantantes? ¡Que no nos confundan!

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