LOS 7 PECADOS CAPITALES: LA SOBERBIA: SÍNTOMAS

Como con los otros pecados, sería muy raro que en algún momento de nuestra vida no hubiéramos pecado, envidiando o deseando a alguien “prohibido”, o en este caso creyéndonos más que los demás. Sobre todo si nos chocamos con otro soberbio. Imaginaros situaciones como éstas:

 –   En la obra: el jubilado que le dice al albañil cómo ha de poner los ladrillos. Me va usted a enseñar cuando llevo más de veinte años haciéndolo.

 –   En casa: estás haciendo la comida, y tu pareja que no ha cocinado en su vida te dice que estás echando demasiada cebolla al guiso. Qué me estás diciendo si no sabes ni freír un huevo.

–   En el trabajo: el recién licenciado te dice cómo tienes que hacer tu labor. Mira, niño, cuando tú tomabas el biberón yo ya estaba aquí pegándome con los clientes, así que vuelve para tu casita a que tu mamá te cuente un cuento cuando te vayas a dormir.

Molesta bastante que alguien que no sabe nada de tu profesión o de lo que haces te intente dar lecciones ¿verdad? Os podéis entonces hacer una idea de cómo nos sentimos los psicólogos (al principio, luego te acostumbras), porque hay mucha gente que se cree que sabe psicología simplemente por tener ciertas experiencias de vida. Pero como ocurre tan a menudo tenemos la soberbia, en lo que a nuestro oficio se refiere, más que superada, porque si fuéramos de “sobrados” no seríamos permeables y no podríamos ayudar a las personas en sus contextos y circunstancias.

Ésa es la diferencia básica entre el amigo que te da un consejo pensando en cómo lo haría él mismo y el psicólogo que te escucha, se mete en tu piel y busca soluciones ayudándote a utilizar tus propios recursos o enseñándote nuevos, pero siempre conforme a tus valores y respetando tu personalidad. Bueno, no sigo publicitando mi profesión no sea que penséis que soy una soberbia jajaja.

¿Cómo sé si soy un soberbio?

Dice el refrán algo así como “en esta vida nada es verdad ni es mentira, sino en función del color del cristal a través del cual se mira”. Las personas soberbias viven en una especie de jaula de cristal y lo ven todo bajo su prisma, no dejan que los demás les cuestionen su opinión porque son totalmente herméticos, se sienten muy seguros “tras la barrera” y descartan otros puntos de vista. Alertas que indican si estás pecando de soberbia:

–   Tendencia a escuchar a los demás pensando en qué les vas a contestar para conseguir que tu opinión se proclame verdad absoluta.

–   Incapacidad para aceptar valores diferentes a los tuyos, y de abrir tu mente a otros puntos de vista.

–   Animadversión hacia aquellos que parecen más cultos, inteligentes, fuertes, ágiles, etc. que tú, buscándoles el “fallo” para hacer ver que no son tan buenos como “se creen”.

–   Convencimiento de que tu forma de ver la vida y tus valores son universales e indiscutibles y el que no está de acuerdo contigo está equivocado o “no sabe lo que es la vida”.

La soberbia está bien vista

Los soberbios son etiquetados a menudo como “ganadores”. No tenemos más que mirar hacia ciertas figuras del deporte para observar la soberbia manando por todos sus poros, y a pesar de ello son admirados. Volvemos a las apariencias: cuánto más dinero y fama tengas más triunfador pareces y si en cambio eres humilde y no buscas el éxito a cualquier precio te catalogan como un idealista tonto y un perdedor. Y luego nos extrañará que ciertos políticos sin escrúpulos ganen elecciones, y que personajes estúpidos de la farándula se forren por hacer el cafre en programas de televisión.

Las consecuencias de ser soberbio

El soberbio vive en una realidad virtual, dentro de su jaula en apariencia segura, pero a fin de cuentas muy frágil. Su mundo está limitado porque no están abiertos a nuevas experiencias, no son flexibles, y no tienen recursos ante situaciones que se salen de sus esquemas de pensamiento. Si alguien toca su cristal entran en pánico. No. No quiero ver las cosas de otra manera, me siento muy a gusto aquí dentro. Estoy a salvo de cualquier agresión externa, así que no voy a dejar que te acerques a mi cristal. Virgencita que me quede como estoy… ¡crash!

No esperes a que se rompan tus protecciones para acudir al psicólogo si empiezas a notar que tu jaula se requebraja. Es preferible abrir una puerta, salir, disfrutar del aire libre y de las personas que están fuera, que te van a hacer crecer hasta tal punto que no necesitarás regresar a ese encierro. Y si se rompe, no dejes de venir. Te ayudaremos a vivir sin esa necesidad de estar constantemente parapetado en unas creencias e ideas rígidas e inamovibles.

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2 pensamientos en “LOS 7 PECADOS CAPITALES: LA SOBERBIA: SÍNTOMAS

  1. Buena reflexión. El soberbio por lo general suele ser agresivo, y el victimista puede ser pasivo-agresivo. En el fondo ambos sólo ven su prisma, pero la forma de “salirse con la suya” es diferente: los victimistas aparentemente no te desprecian, suelen pensar que ellos “sufren más que tú” porque “tienes la suerte de ser más fuerte”, lo que indica que se creen mejores que tú a nivel emocional porque son “más sensibles”, o sea “mejores personas porque se dejan llevar por el corazón”. Si te soy sincera, prefiero un soberbio descarado a un victimista, porque al menos los ves venir, van de frente. El victimista es un chantajista emocional y pueden llegar a ser tan sutiles que ni te des cuenta de que te están manipulando. Son mucho más retorcidos.

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