LOS 7 PECADOS CAPITALES: LA IRA

Vamos con el pecado que complica mucho la convivencia entre los seres humanos, y que está en el origen de las guerras. En la RAE hay varias definiciones, de las que me quedo con estas dos:

1. Sentimiento de indignación que causa enojo.
2. Apetito o deseo de venganza.

Vista la definición 1, casi podría afirmar que todos hemos pecado de ira en alguna ocasión. Y en cuanto a la 2… pues casi lo mismo ¿no? La ira en sí, desde el punto de vista psicológico, si se controla, no supone un problema. Pero si se descontrola y ese apetito y deseo de venganza se convierte en ataque hacia la persona o personas que han hecho nacer la ira en ti, ésta puede hacerte prisionero ¿por qué? Mahatma Gandhi tiene la respuesta:

Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.

Efectivamente, si consigues que alguien ceda a lo que pides imponiéndote en lugar de negociando o persuadiendo, tendrás que seguir utilizando esa violencia para que esa persona o grupo acceda a hacer lo que tú quieres o te dé la razón en algo. Pero tu supuesto poder es muy relativo. Volviendo a Gandhi:

Me opongo a la violencia, porque cuando parece causar el bien éste sólo es temporal, pero el mal que causa es permanente

El bien es temporal porque la persona cede obligado, no convencido, por lo que tú tienes que mantener esa violencia para conseguir tus propósitos. ¿Y eso en que te convierte? En una persona violenta. Y no me refiero sólo a la violencia física, sino a la verbal. Un insulto, un desprecio, te convierten en alguien que insulta y que desprecia. Es decir, te hacen peor persona. Y además (sigo con Gandhi, que para eso era un abanderado de la no violencia):

La victoria lograda por violencia es equivalente a una derrota, porque es momentánea

Quien recibe el insulto y el desprecio o la agresión física no sólo no va a cambiar su forma de pensar sino que se afianzará en su punto de vista aunque “trague”, con lo cual al final más que vencer has perdido.

El gran problema de la ira es que en su origen está el miedo, y lo que le sigue es el odio. El miedo, como ya comenté, es necesario para preservar nuestra integridad física y/o psíquica porque te permite huir o enfrentarte a un posible peligro. Por tanto, cuando alguien te hace daño desarrollas miedo hacia esa persona y la ira surge por dos motivos:

–   Como mecanismo de autodefensa: si le rujo no se me vuelve a acercar.
–   Como deseo de venganza: voy a hacerle el mismo daño que me ha hecho a mí, porque “se lo merece”.

El primer motivo es totalmente adaptativo: o me alejo o provoco que se aleje para no sufrir más. Pero el segundo te ata más aún a quien te hizo daño, porque ante tu deseo de venganza esa persona sigue estando presente en tu pensamiento y en tu vida y no te deja pasar página. Es entonces cuando sobreviene el odio, y te convierte en su esclavo. Es lo que suele ocurrir a menudo en las parejas, y lo que destruye familias y amistades.

En el próximo artículo hablaré de situaciones concretas en que la ira se desata para daros algunas claves que os ayuden a controlarla, pero entretanto, vuelvo una vez más a Gandhi con una frase que no parece suya:

Si hay violencia en nuestros corazones, es mejor ser violentos que ponernos el manto de la no violencia para encubrir la impotencia.

Entiendo que se trata de ese mecanismo de autodefensa que acabo de mencionar. Si una persona insiste en dañarte quizá tengas que sacar a pasear la ira para evitar que lo siga haciendo. En caso contrario nos sentiríamos impotentes y a la larga esa frustración desembocaría en un verdadero ataque de violencia. No se trata de agredir ni entrar en discusiones fuertes, pero tampoco plegarnos con la excusa de que no somos violentos y recurrir al consabido “por no discutir…”

No tratar de imponer tu punto de vista no significa renunciar al mismo. Si el otro tiene su opinión, tú tienes la tuya. No merece la pena seguir discutiendo porque no lleva a nada, mejor seguir caminos diferentes que empeñarse en llevar la razón o en dársela al otro para no entrar en conflicto: ese consentimiento puede convertirse en el germen del odio que descontrola la ira, y que te acaba destruyendo.

ira2

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