LOS 7 PECADOS CAPITALES: LA GULA. PERSIGUIENDO UNA ZANAHORIA

¿Qué os sugiere la imagen con la que ilustro este artículo? Seguro que habéis pensando en alguien al verla. ¿Y en vosotros mismos? ¿No?

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Bueno, voy primero de todo a poneros un enlace a un experimento muy interesante de un tal León Festinger, que para mí es una de los mayores descubrimientos que he hecho en todos los años que he estudiado psicología. No son ni 4 minutos, y os aseguro que merece la pena:

¿Cómo veis ahora al burro que persigue a la zanahoria? ¿Lo identificáis con alguien o con alguna situación?

Os pongo un ejemplo: el estrés laboral. Por lo que he observado en mis pacientes, suele haber una causa común: las políticas de empresa que valoran más la sumisión que el rendimiento. Es más, incluso premian la tiranía de los jefes y la falta de solidaridad entre compañeros (las famosas “puñaladas traperas”). Y quien lo soporta o entra en el juego no lo hace sólo por conservar su puesto de trabajo, sino por perseguir esa zanahoria en forma de reconocimiento (ascenso) que aunque se produzca, resulta insuficiente comparado con el sacrificio que el empleado realiza, pero a pesar de ello persiste. Y no sólo lo he visto en mis pacientes, sino que lo he vivido en mi época de oficinista. Tengo un recuerdo, en concreto, de un colega de otro departamento que, tras salir de un curso dado por la empresa, cuando mis compañeros de equipo y yo decidimos irnos a nuestra casa porque era la hora de salida, nos dijo muy sorprendido:

–   Pero… ¿no volvéis a la oficina? ¿Cómo podéis hacer eso?

La expresión era de tal incredulidad (incluso pánico) que me dio hasta pena. Se sentía culpable porque, como los sujetos del experimento que he puesto arriba, había modificado sus creencias para seguir dedicado a la empresa en cuerpo y alma aunque no le abonaran las horas extra (no se pagaban).

De la misma forma, un jefecillo que decide maltratar a sus subordinados se autoengaña pensando que “así funcionan las empresas“. Quien hace quedar mal al compañero, se aprovecha de su trabajo o le hace la pelota al jefe también se justifica ante sí mismo pensando que cada cual “debe luchar por lo suyo“. El director de una multinacional que decide reducir plantilla y cerrar fábricas a pesar de tener beneficios se dice a sí mismo que “es la política de empresa“. O el que paga sueldos míseros a niños en los países en vías de desarrollo se cree todavía un benefactor porque “gracias a mi pueden llevar comida a su casa“.

Tanto mi pobre ex compañero como ese director siguen pecando de gula, la diferencia es que el primero carga con mucho peso persiguiendo a esa zanahoria y en cambio el otro irá consiguiendo objetivos pero seguirá con hambre porque nunca tiene suficiente, como comentaba en el artículo anterior.

Llegados a este punto ¿habéis identificado a vuestra zanahoria? ¿Creéis que podéis conseguirla? Y ¿habéis calculado cuánto peso os vais a echar en las alforjas?

Otros ejemplos de disonancia cognitiva fuera del terreno laboral lo tenemos en la propia justificación de las adicciones:

– Sé que fumar es malo para mi salud, pero lo necesito para calmar mis nervios. Mentira. La nicotina excita, no relaja.
– Mi abuelo fumando toda la vida vivió 90 años. ¿Y te olvidas de quién si falleció a causa del tabaco? Otro detalle de la disonancia: atiendo sólo a lo que me interesa para no entrar en conflicto conmigo mismo.

Y de las infidelidades (me justifico para seguir “engullendo” a mi amante):

– Buscando defectos a mi pareja: “es que no me entiende”, “no me da todo el sexo que necesito”.
– Achacándolo a la relación: “llevamos juntos demasiados años, y eso desgasta”,  “empezamos demasiado jóvenes”.

Para saber si por culpa de una disonancia cognitiva te estás autoengañando, echa un vistazo a ver quién eras antes y en qué te has convertido. ¿Te has alejado mucho de tus valores? ¿Te compensa? ¿Y cómo crees que afecta a tus seres queridos? Dicen que un paso atrás ni para tomar impulso, pero echar un vistazo… ¿te atreves? Si no, ya, sabes, la psicología puede ayudarte a reencontrarte contigo mismo y a vivir sin disonancias.

GulaIII.jpg

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3 pensamientos en “LOS 7 PECADOS CAPITALES: LA GULA. PERSIGUIENDO UNA ZANAHORIA

  1. Bueno, la sociedad la formamos los seres humanos… la disonancia es inherente, desde luego, y el problema de la sociedad capitalista es precisamente que cometa gula y soberbia en pro del “éxito” entendido como acumulación de poder y riqueza. Se puede ser un empresario justo sin necesidad de ser una ong, pero por desgracia la mayoría no lo ven así y no les importa que sus empleados no lleguen a fin de mes con tal de poder pagar el combustible de su jet privado. Todo está en la medida, y en ver un poco más allá de lo que nos venden en los anuncios y las películas.

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