LA DISONANCIA COGNITIVA: EL AUTOENGAÑO

Disculpad el retraso, llevo un año un poco complicado y no he podido ponerme a escribir antes. Ahora ya lo he retomado e incluso con más ganas: he hecho un nuevo blog dedicado a la psicología deportiva en la que narro en primera persona la lesión que acabo de padecer. Tanto si sois deportistas como si no, creo que podéis aprender mucho sobre cómo afrontar desde el punto de vista psicológico una lesión, deportiva o no, o una enfermedad. Éste es el blog:

https://cq-psicologia-deporte.blogspot.com.es/

Sigo ahora con la disonancia cognitiva, pasando a exponer cuándo nos engañamos a nosotros mismos. Y qué mejor empezar por la famosa fábula de la zorra y las uvas, aquella en la que cuando la raposa no puede alcanzarlas exclama algo así como:

“Bah, ¿para qué seguir intentándolo? ¡Están verdes!”

La fábula, cuando se le cuenta a los niños, trata de enseñar que hay que perseverar en el esfuerzo. Yo la voy a explicar bajo la teoría de la disonancia. Cuando no podemos conseguir algo, lo devaluamos para intentar resolver el conflicto que nos produce quererlo y no tenerlo. Vamos con los ejemplos:

–   En el trabajo: le dan el ascenso que tú esperabas a otro. “Bueno, no importa, total, va a  tener que viajar más y yo prefiero estar en casa con los míos”.

–   Cuando te deja tu pareja: le empiezas a sacar todos esos defectos que antes considerabas virtudes (de “me encanta su espíritu infantil” a “niñato inmaduro”) y niegas que te esté afectando “ya lo tengo superado” (y no ha pasado ni un mes…). Para rematar, a las primeras de cambio te lías con el primero/a que pasa. ¿La mancha de mora madura otra verde la quita? Me parece a mí que tanto verde puede resultar indigesto.

–   Perdiendo al mus (o cualquier otro juego): no me entran cartas, el otro tiene más   suerte, el viento sopla en mi contra o los astros están contra mí.

Las excusas suelen ser habituales en el autoengaño. Muy típico de quien lleva muy mal reconocer sus errores, porque no quiere verse a sí mismo como alguien que “falla” y por eso intenta cambiar la percepción de lo que ha provocado ese “fracaso”. Es un signo del envidioso, como vimos en el artículo que publiqué sobre este pecado capital: prefieren pensar que los demás tienen más suerte o han nacido con una flor en el trasero a esforzarse y aprender de sus errores.

El autoengaño suele acarrear también una piedra en la mochila. La de quien justifica seguirse comportando de una forma en que se daña a sí mismo o a los demás por supuestos traumas infantiles, educación deficiente, discriminación, desengaños sentimentales… Por supuesto que hay heridas que cuesta cicatrizar, pero una vez que está identificada la causa que te hace infeliz, está en tu mano dejar de prestarle atención: si estás todo el rato recordando lo mal que lo pasaste y echándole la culpa a tu mala suerte pasada de lo que te ocurre no vas a conseguir cerrar nunca esa herida. Lo mismo ocurre con esa otra justificación de “es que he nacido así”, como comenté en el primer artículo de las piedras en la mochila. Si no estás a gusto siendo como eres ¡cambia! ¡Esfuérzate en hacerlo!

¿Por qué hay gente que no lo hace? Lo primero de todo, porque supone un gran esfuerzo, como para la zorra saltar a por las uvas. Y lo segundo, porque mientras se cuelgan a sí mismos la etiqueta de “emotivos”, “sensibles”, “heridos” e incluso “con falta de autoestima” están recibiendo la atención por parte de su entorno. ¿Para qué saltar a por las uvas si puedo conseguir que alguien me las baje? Pues para evitar que tu felicidad dependa en gran medida de las personas que están a tu alrededor, y de hacerle chantaje emocional a esas personas que se preocupan por ti.

No te quedes en el corto plazo: mira más allá. Si querías ese puesto de trabajo, sigue luchando por conseguirlo. Si te han dejado, admite que estás mal, es el primer paso para superar el duelo. Y si pierdes, no está tan mal la frase de “lo importante es participar”. Nadie acierta a la primera, ni gana a la primera. Hay que practicar…

Cuando decidas renunciar a algo, revisar por qué lo haces, y observa si te estás comportando como la zorra. Si notas que no estás bien y no sabes por qué, un psicólogo te puede ayudar a descubrir esos autoengaños, y darte herramientas para que aprendas a luchar por aquello que deseas.

OjosTapados

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